
Decíamos ayer...
Esta novela, primera de una prolífica serie protagonizada por una escritora y un policía suecos, es lo más parecido a una revelación que ha habido últimamente, o algo así...
Aunque, claro, eso dicen de todos los autores nórdicos, que crecen ahora como los champiñones tras una tormenta de otoño, y, como todas las modas, no todo puede ser bueno... o, hablando con más propiedad, a unos les encantará y a otros no tanto.
El caso es que la novela no está mal. Esta bien escrita, que ya es una gran ventaja, dado el género, que no abunda en exquisiteces. La historia está bien construída, los personajes no chirrían, están las justas dósis de humor irónico en los protagonistas, el jefe incompetente (un cliché ya tan archiutilizado como aburrido por el abuso, en mi opinión), una historia de amor algo increíble, los sospechosos que luego no son culpables... en fin, un poco lo de siempre...
Pero, para mí, que soy una amante de las novelas de misterio, desde la gran dama Agatha Christie, pasando por Lindsey Davis, Raymond Chandler o por Douglas Preston y Lincoln Child (su agente Pendergast es un género en sí mismo), esta novela comete un pequeño pecado, y es que es SOSA.
No es aburrida, no, pero le falta ese puntillo que necesita toda novela de género para mantenerme en tensión, un algo de acción, de misterio, una puerta que chirríe, un tío del que desconfiar, algún personaje que dé mala espina... y para mí eso es imperdonable en una novela de misterio que se precie de serlo.
Sin embargo, como todo no puede ser malo, debo decir que hay mucha gente que se declara fan de esta autora y que sus libros se venden como churros, por lo que algo le habrán visto que yo no he sido capaz de apreciar...