lunes, 6 de mayo de 2013

"El despertar de la señorita Prim" de Natalia Sanmartin Fenollera, edulcorado adoctrinamiento...


Decíamos ayer...
Esta novela nos narra la típica historia de una mujer decidida que cree saberlo todo y llega a un lugar maravilloso que le hará replantearse todo lo que creía saber. ¿Será que no lo tenía tan claro?
 
He visto por ahí que esta novela tiene varias lecturas. Quizás sí, lo que yo creo es que existen dos formas de leerla: la lectura "superficial, es una novela de pueblitos bonitos más", o la lectura "manual de adoctrinamiento". Me explico:
 
A) Lectura superficial: viene a ser que se trata de una novela con aura romántica, donde la protagonista llega a un hermoso pueblo lleno de gente encantadora, se enamora de su jefe, de los niños, descubre que ser independiente no es tan maravilloso, aprende cosas sobre sí misma, la literatura y la vida en general (y el placer de las cosas pequeñas)... Y, sin querer desvelar el final, auguramos que todo terminará medianamente bien. Incluso esbozaríamos sonrisitas aquí y acullá ante las peregrinas ocurrencias de los habitantes del pueblo o los sapientes niños, que recitan el latín como nosotros la tabla del 1. ¡Qué maravilla de libro, es todo tan hermoso!
 
B) Manual de adoctrinamiento: desde el principio nos damos cuenta de que la protagonista, que la autora trata de vendernos como alguien independiente y decidida, no lo es en absoluto, pues no tiene argumentos ante el mínimo enfrentamiento y se rinde ante cualquiera que le muestre la puntita de algún nuevo descubrimiento. Por no hablar sobre las ideas que se dan aquí sobre el matrimonio (estado ideal para la mujer, siempre y cuando sea con alguien superior), la educación (algo totalmente elitista, la única "tonta" del pueblo es la maestra, pues los niños los educan los padres), las cosas modernas (no existen, al parecer todo lo moderno es terrible)...
 
Yo empecé leyendo A y de pronto me encontré con B, aunque no me lo creía, pensé que tenía que ser una broma, en serio. Que hoy día, alguien nos presentara tales valores como algo bueno me parecía insultante. Francamente, esto es lo más carca que he leído en mucho tiempo.
 
Y lo triste es que está francamente bien escrito. Lo malo es que no hay historia, no pasa nada y toda la novela parece un instrumento para vendernos un manual de autoayuda donde la autora expresa unas ideas sacadas de un libro de señoritas de la época de nuestras bisabuelas (cómo sentarse adecuadamente incluido).
Lamento decir esto pero, cuánto talento desaprovechado.
 
 
 

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