jueves, 24 de enero de 2013

"La elegancia del erizo" de Muriel Barbery, pretencioso disfraz

Decíamos ayer...

Esta novela pretende ser una deliciosa fábula de lo que esconden las apariencias, a la vez que una crítica de la sociedad contemporánea francesa, a cuya clase burguesa no deja precisamente bien.
A estas alturas mucha gente conocerá ya o bien el libro o la película, que narra la historia por un lado de una portera al parecer fea e ignorante que sin embargo es culta y amante del arte y el cine, y de una de las inquilinas del edificio que guarda, una niña de apenas 12 años, un tanto repelente, superdotada y amarga, y a la vez tímida. La llegada de un tercero en discordia, por así decirlo, unirá a estas almas gemelas, que parecían destinadas a no encontrarse jamás a pesar de vivir a escasos metros de distancia.
 
De acuerdo, la premisa de que las apariencias engañan es bonita a priori, pero la novela se hace algo cansina en filosofías si no son lo tuyo, y la verdad es que los personajes filosofan una barbaridad. Mirándola con frialdad, la historia en sí, los hechos, no son gran cosa y pasa bien poco, y el libro solo destaca por ser un ejercicio de estilo diferente, en el que se alternan dos narradoras en primera persona, la niña y la portera, cada cual con sus filosofías, sus narraciones de lo que les sucede a diario y poco más. Para cuando pasa algo de verdad, ha pasado bastante más de la mitad del libro y se tiene la sensación de que se ha entendido poco o nada de los pensamientos de las protagonistas (la filosofía no es lo mío, quizás) y solo esperamos que la historia en sí avance algo.
En definitiva, para mí la novela adolece de un exceso de pretenciosidad que la lastra y que logra que el final no conmueva lo suficiente.
En todo caso, no se puede negar que, a pesar de que es un libro difícil, está bien escrito y está plagado de un delicioso sentido del humor muy francés que para mí es lo mejor de la función. 

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